Un buen periodista es aquel que siempre busca la verdad y deja de lado sus bajos instintos, señaló Adrián Uribarri, periodista estadounidense. No sólo es responsable ante la sociedad de lo que dice, también de cómo lo dice, y del procedimiento por el cual ha obtenido la información. Un buen periodista debe ‘tener puesta la camiseta’ de la ética a todas horas y ’sudarla’ con pasión, para preservar lo más valioso que tiene: su independencia ysu credibilidad.
No basta con recibir una información y creérsela de buenas a primeras, hay que ahondar en los hechos, y a ser posible, tener la oportunidad de presenciar claramente aquello que se va a redactar. De esta forma, evitaremos ceñirnos únicamente a los primeros datos que tengamos y podremos conseguir diversas opiniones de diferentes puntos de vista. Los testigos que hayan estado en el lugar de los hechos nos facilitarán versiones dispares de la realidad, aspecto que nos ayudará a realizar de una manera más amplia nuestra labor como periodistas.
Una de las funciones primordiales del profesional periodístico es verificar los datos obtenidos y no dejarse guiar por los primero indicios. Cada uno posee una manera de resumir los hechos, ya sea con fichas de cartón desplegadas en el suelo, como Rick Meyer, colaborador de Los Angeles Times o con un departamento de verificación de datos, como The New Yorker. Y es que no hay que olvidar que el periodismo se diferencia del entretenimiento o la propaganda por su disciplina de verificación.
Ya no es sólo una forma de trabajar sino una necesidad para que “no nos den gato por liebre”. La mentira está a la orden del día y hay que tener los ojos bien abiertos ante cualquier información que recibamos. Necesitamos la utilización de todos nuestros sentidos para evitar el engaño ya que no podemos evitar la distribución de datos falsos.
La época actual es muy dada a este tipo de hechos irreales. Ésto se debe a la era digital en la que nos encontramos, donde hay multitud de información en la red y todo el mundo tiene acceso a ella. Desde un ordenador con conexión se pueden subir toda clase de noticias, ya sean ciertas o no. El periodista trabaja atento ante cualquier intrusión que pueda interrumpir su tarea de recopilador. La gran fuente de un periodista es Internet, de ahí se extraen la mayoría de las informaciones que se publican y se corre peligro al recurrir a este medio. Como bien dice Geneva Overholse, “todos bebemos en el mismo abrevadero”.
Pero a pesar de emplear todas nuestras dotes de periodista para escapar de las informaciones engañosas, no podemos saltarnos el gran principio de la profesión: la objetividad. En tiempos de la “pirámide invertida”, el realismo hace su aparición en escena. Y su participación en el trabajo de los profesionales periodísticos es esencial para que los intereses culturales y personales no interfieran en las noticias.
Debemos evitar el favoritismo hacia una parte. Pero también hay que tener cuidado con otorgarle la misma importancia a un sector que a otro. La imparcialidad rige nuestro trabajo diario pero puede malinterpretarse. Tenemos que demostrar dicho significado en los hechos, ser fieles con la realidad sin necesidad de distorsionarla o de inventarnos personajes o tramas innecesarias.
De esta manera no engañaremos al lector que, al fin y al cabo, su confianza es nuestro beneficio. Le debemos un respeto, tanto al público como a la verdad. Nuestro compromiso de ser transparentes debe dejarse claro desde el primer momento en el que se lee nuestra noticia. Cualquier pregunta que puede surgirle al lector ha de ser respondida en nuestro artículo sin llegar a crear la duda en el público.




